| Sala 3. Historiador


Semblanza

Desde muy joven, don Armando dio muestras de su gran interés por la historia. En los albores de su carrera periodística, reseñó eventos de vital importancia para nuestro país como la reunión del Congreso Constituyente de 1917 en Querétaro, en calidad de reportero para el periódico El pueblo.

Poco después, empleó esta vocación como herramienta para contextualizar sus crónicas teatrales: compartía con sus lectores fechas y datos importantes que daban cuenta del estado del teatro en diversas épocas, conformando una memoria teatral al tiempo que contribuía a la formación de públicos.

Muy vinculada con sus actividades de cronista e investigador teatral, esta faceta de historiador lo llevó a desarrollar temas muy particulares de la historia de México. Escribió sobre personajes cuya labor resultaba pertinente en ese momento o que pasaban prácticamente inadvertidos o eran eclipsados por protagonistas de la historia oficial.

Es así como en sus publicaciones encontramos a sujetos de la historia como la emperatriz Carlota, el general Francisco Múgica, Francisco I. Madero, Lucio Blanco, Ignacio Allende, Mariano Matamoros e incluso Adolfo López Mateos. Se ocupó de periodos históricos como la Independencia y la Revolución, en los que se enfocaba en determinados personajes como Porfirio Díaz y Venustiano Carranza.

En este sentido, es importante destacar su habilidad para lograr el apoyo de las distintas editoriales e instituciones que lo acompañaron en el camino. En su propia editorial, Compañía de Ediciones Populares, publicó Múgica. Crónica biográfica (1939); en Libro-Mex, fundada en 1954 por el exiliado español Bartomeu Costa-Amic con el objetivo de divulgar temáticas y autores mexicanos, editó los volúmenes Francisco I. Madero. Memorias, cartas y documentos (1956); Un ciudadano. Cómo es y cómo piensa Adolfo López Mateos (boceto para una biografía) (1958); Episodios de la Revolución. De la caída de Porfirio Díaz a la Decena Trágica y Episodios de la Revolución (Carranza y el constitucionalismo). De Saltillo a Tlaxcalantongo en 1958 y 1962 respectivamente.

Punto y aparte en esta experiencia fue su trabajo como investigador en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (hoy Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México), fundado el 29 de agosto de 1953. Aquí encontró las condiciones idóneas para desarrollar su trabajo; fue llamado por Manuel Azuela, Secretario ejecutivo del organismo, para integrarse a la comisión nacional para la celebración del cincuentenario de la Revolución.

Al amparo de la institución, publicó sus libros La Revolución mexicana a través de los corridos populares (1962) y La vida del general Lucio Blanco (1963), además de El teatro de género chico en la Revolución mexicana (1956) y El teatro de género dramático en la Revolución mexicana (1957) (estos último dos títulos se encuentran consignados en la sección “Investigador”). Así es como Armando de Maria y Campos contribuyó al conocimiento y divulgación de la historia de México.